En el artículo previo, exploramos el éxito de la Nintendo Wii enfrentándose a otra guerra de hojas de especificaciones, una generación a la que es justo reconocerle grandes títulos para Xbox y Sony. Tristemente, esta batalla también nos trajo bajas sensibles: Sega. Uno de los pioneros terminó siendo reducido solo a publicador de videojuegos, un exilio de la construcción de hardware que Nintendo peligrosamente corría el riesgo de repetir justo en la próxima generación.

Hablemos de la fatídica octava generación: la Wii U fue un total fracaso. Los consumidores simplemente no entendieron si era una consola completamente nueva o solo un extraño accesorio de la Wii original, lo que conllevó a un choque aparatoso que forzó a Nintendo adaptarse rápidamente. De hecho, sus especificaciones técnicas comparadas con la PS4 y Xbox One los habían puesto en una clara desventaja; un golpe que casi lleva a la gran “N” a retirarse del mercado de consolas por completo, corriendo el riesgo de abandonar un legado de más de 30 años en el corazón de los gamers.


La enseñanza del corazón de un gamer

Hablando del corazón de los gamers, en ese momento crítico el sensei presidente de Nintendo, Satoru Iwata (Diciembre 6, 1959 - Julio 11, 2015, Q.E.P.D.), decidió recortar a la mitad su salario como una disculpa por las pobres ventas de la Wii U, protegiendo así a corto plazo la seguridad laboral de los trabajadores de Nintendo. Antes de morir en el 2015, el entonces presidente participó en la conceptualización del nuevo hardware que revolucionaría de nuevo la definición de las consolas de videojuegos. Quiero recordarlo a través de una profunda y cálida frase que, años después de su muerte, sigue siendo una lección de genialidad y humildad: “En mi tarjeta de presentación soy un presidente corporativo. En mi mente soy un desarrollador de juegos. Pero en mi corazón soy un gamer”.


Un espejo darwinista para los videojuegos

Es el año 2017: la PS4 domina el mercado, Xbox sufre para mantener el ritmo con todavía tres años faltantes para el cambio de generación (el centro multimedia “todo en uno”, que exigía conectarse por lo menos cada 24 horas a internet, fue una elección desastrosa a los ojos de sus usuarios), y el gaming en PC se ha vuelto una tendencia masiva con los odiosos LEDs que parecen una discoteca o un automóvil mal tuneado. Este era “el estado del arte” en los videojuegos: deslumbrar a los usuarios con gráficas puras y especificaciones, mientras con frecuencia se olvidaba el valor de una historia bien contada y de una verdadera experiencia de juego.

Entonces, el 3 de marzo de 2017, Nintendo lanza un dispositivo que rescata las mejores ideas de sus errores pasados. Con una pantalla portátil, conexión de TV lista para usar y controles desmontables para una experiencia de dos jugadores inmediata, la Switch nació desde las cenizas de la Wii U. (Mirando el gamepad de la Wii U junto con la Nintendo Switch, se puede ver la evolución natural, adaptándose a la era moderna de los dispositivos móviles; puro darwinismo, si me preguntas).


Fig 09. Buscando en la fotografía analógica mi propia identidad.

La epifanía de la propia autenticidad (¡uy!… pero qué revelador)

Finalmente, aquí está la epifanía reveladora, acompañada de un ángel que desciende del cielo con un pergamino mientras trompetas celestiales suenan al fondo. Nintendo haciéndose a un lado de la guerra ya mencionada (sin salirse de la industria) y rompiendo con el ciclo tradicional de lanzamiento de consolas fue casi poético. Es claro que la necesidad de recuperarse de los errores de la Wii U es en parte la motivación, pero optar por dejar de lado esa toxicidad de comportamientos, rechazando el bombo publicitario de la próxima generación y diciendo “no más”, es una clase magistral.

Claro, siguen siendo una compañía (con márgenes de ganancias, accionistas y miembros directivos a quienes responder), pero decidieron priorizar la experiencia de juego. Se han enfocado en la esencia de los videojuegos: divertirse, en lugar de lanzar especificaciones crudas al mercado con juegos de alto detalle gráfico que a menudo carecen de alma. Ellos ahora están en la carrera de los videojuegos, no peleando una guerra, sino enseñando nuevas formas de cómo entretener a los usuarios.


Descubriendo el arte de ser fiel a sí mismo

Es el año 2026 al momento de escribir este artículo. La nueva Nintendo Switch 2 fue lanzada hace un año, y es otra gran iteración de la idea original. (Mientras escribo esto, surge la noticia de que Nintendo anuncia un aumento del 10% en el salario de sus empleados para invertir en su gente. Como desarrollador de software que actualmente se encuentra “en la banca” —sintiendo el peso de una industria que a menudo pasa por alto el talento humano—, ese simple gesto me pega más duro de lo que esperaba, casi conmoviéndome hasta las lágrimas por razones que van mucho más allá de mi trabajo). Por ello, la marca Nintendo es la única que se ha quedado en mi sala, manteniéndome así al costado de esa gritería de especificaciones. Créeme, he probado tanto PlayStation como Xbox en diferentes iteraciones, y ciertamente he disfrutado de sus títulos en diferentes momentos de mi vida adulta. Soy consciente de que al hacerlo pierdo el acceso a contenido exclusivo de otras plataformas, pero al final, ese sacrificio me libera de agotadoras trampas de marketing. (Y claro, puedo jugar donde quiera). Me recuerda que ser fiel a ti mismo es mucho más importante que tratar de “agradarle a todos” en la vida. Nintendo hace las cosas meramente bajo sus propios términos. No siguen una tendencia con décadas de continuidad (y aun así siguen siendo muy exitosos en su campo); ellos se mantienen leales a sus principios en un mercado más preocupado por el empaquetado y no por el contenido.

  • Ser fiel a uno mismo es el arte supremo a dominar.
    • Esa es una habilidad única.