Es evidente, dado el desagrado que he expresado en los últimos meses, cuáles son mis sentimientos acerca del mundo corporativo, específicamente en el área de la tecnología. Despidos masivos junto con la descarada gestión de la IA es de las primeras cosas que se me vienen a la mente cuando pienso en los pecados de la industria de la que formo parte. (Si no sabes de qué estoy hablando, revisa mi página Acerca para un poco más de contexto). Pero este no es el momento de tomar bandos en el repetido conflicto del lado idealista de este padawan fotógrafo/escritor.

Hoy voy a hablar de la industria de los videojuegos, específicamente de Nintendo. Como un nerd/geek con un muy limitado círculo de amigos y cero destreza en el baile/fiestas, siempre encontré un refugio en los videojuegos. Eran un rincón donde, ya fuera entre los píxeles de la última generación o frente a pantallas de tubo de rayos catódicos (una necesidad de niño, bastante restringida, que finalmente puedo compensar de adulto), mis acciones realmente hacían la diferencia y el fallar no traía burlas en el mundo real (o eso creía). Pero antes de adentrarnos en este viaje, debo pedirte paciencia, querido lector(a). Quiero EVITAR volver esto una tediosa publicación automotivacional de LinkedIn, donde la gente interpreta el abrir la puerta del baño y sentarse en el inodoro como una introspección profunda organizacional hecha para inspirar a todos a seguir sus sueños. No soporto ese tipo de contenido.


Fig 08. La curiosidad: Una característica que tanto gamers como desarrolladores de juegos comparten.

Nintendo y la guerra de consolas que nunca buscó

La travesía de Nintendo en el negocio del entretenimiento comenzó con cartas de mesa, juguetes y moteles, pero en la década de 1980 se redefinieron a ellos mismos. Justo después de la primera crisis de los videojuegos, el lanzamiento de la NES (Nintendo Entertainment System) revivió una industria estancada por la invasión de juegos aburridos. Este estancamiento no fue un fallo de las primeras tecnologías, sino de la avaricia corporativa que priorizó la cantidad sobre la calidad. La NES se volvió un éxito masivo, abriendo la puerta para que otros competidores se animaran por una rebanada del renovado pastel y desencadenando la infame “guerra de consolas”.

La contienda de “gritos tecnológicos” realmente comienza con la legendaria frase “Sega does what Nintendon’t” (Sega hace lo que Nintendo no), dejando la escena lista para un repetitivo ciclo donde las compañías prácticamente gritan a sus consumidores cómo el último hardware les va a volar la cabeza. Desde la icónica batalla de los 16 bits entre la Super Nintendo y el Sega Genesis, pasando hasta la sexta generación con el mítico PlayStation 2 de Sony junto con una desafiante Xbox de Microsoft y un renovado GameCube de Nintendo, toda la industria se vio atrapada en un bucle interminable de promesas que repetían “más píxeles y más velocidad significan más diversión”, cayendo de lleno en el desgastante discurso de la “carrera armamentística de hojas de especificaciones”.


Fallas, filosofía y una propuesta peculiar

Ciertamente, Nintendo no siempre ha sido exitoso con sus ideas. Tomemos la catastrófica falla de su primer intento de realidad virtual, el Virtual Boy, un excelente ejemplo de cómo un grupo de accionistas avaros fuerzan a una organización a crear una necesidad que ni siquiera existe. Pero tengamos en cuenta algo: Nintendo también tuvo una serie de éxitos masivos en el campo de los videojuegos portátiles utilizando una muy específica y brillante filosofía: “Pensamiento lateral con tecnología pasada”, acuñada por Gunpei Yokoi (el creador del Game Boy). Esto significa usar tecnología barata, madura y bien conocida de una forma profundamente nueva y creativa, en vez de estar tras nuevas y caras tecnologías.

Esta filosofía se ajustó perfectamente al escenario de la séptima generación de consolas. Mientras Microsoft se consolidaba estratégicamente con la Xbox 360 con su capacidad de juegos en línea, y la PS3 de Sony usaba Blu-ray para vomitar más megapíxeles y cuadros por segundo en la pantalla, Nintendo apareció con la Wii. Esa peculiar consola, con su registro de movimiento y formas completamente innovadoras de jugar, fue una absoluta explosión. Pronto todos los competidores trataron de imitar su estilo. Una vez más, Nintendo revolucionó la industria de los videojuegos bajo sus propios términos; no con una hoja de especificaciones, sino con experiencias puramente divertidas.

El éxito de la Nintendo Wii aún retumba por estos días. Es una lección que la industria suele olvidar a menudo, pero una vez que regresemos con la segunda y última parte de este artículo, la recordaremos: la esencia siempre trasciende a la forma. Sin embargo, antes de llegar allí, revisaremos un oscuro capítulo, una segunda lección que casi saca a Nintendo del negocio de los videojuegos para siempre.

  • Creatividad no es solo innovación
    • Es aprovechar al máximo lo que ya tienes