Recuerdo mi último año de colegio con gran detalle; aunque desearía no hacerlo, realmente son muy pocos los recuerdos que quisiera tener de esas épocas. Fue cuando me decidí por la carrera de ciencias de la computación. No tengo queja, tal experiencia me hace quien soy hoy y supongo que debo estar agradecido. Sin embargo, por esa época colegial descubrí una destreza por escribir (qué novedad), por lo menos en mi lenguaje nativo, el español. Una carrera en periodismo o comunicaciones (la profunda, la significativa, no la superficial de farándula o de títere corporativo) comenzó a revelarse como una verdadera contraposición a mi camino de destrezas técnicas.

En esa época estaba mi profesora de Literatura, una de mis favoritas junto con mi profesor de Cálculo. Ella había visto varias presentaciones con los llamativos proyectores, PowerPoint (divertido para esa época), además de otros aditamentos técnicos, pero ella fue testigo también de lo aburrido y mediocre en la forma en que se presentaban los temas. Créeme, yo era uno de los estudiantes involucrados. Estaba presentando algo que no me interesaba para nada, y la profesora (de años previos) en ese momento tampoco ayudaba. Además, debo aceptar que estaba pasando por un periodo de depresión adolescente que afectó notoriamente mi desempeño en ciertas tareas escolares. Pero dejemos eso atrás; ¡este blog no supone darle vueltas a mis traumas, mejor aún, debe ayudarme a librarme de ellos!


La Jungla de Ladrillo

Fig 05. Otro lugar donde las opiniones (a veces) valen la pena.

Fichas bibliográficas y respeto

Todo este preámbulo sirve para resaltar algo sobre las opiniones de mi profesora en ese último año escolar. Parafraseándola, recuerdo que decía algo así como: “Vamos a definir los conceptos para estudiar y exponer. Pero después de ver presentaciones en años previos, no quiero ver un solo computador, transparencia, ni siquiera carteleras. Van a ser ustedes, un marcador, el tablero y, solo si lo necesitan, fichas bibliográficas”.

En este punto quiero resaltar el respeto que teníamos por nuestra profesora de último año. Ella tenía ese estilo de mujer de mediana edad extremadamente culta y muy bien hablada, tanto que cada vez que emitía una opinión, valía la pena prestar atención y escucharla. Hace veinticuatro años ella ya había visto el mal uso de la tecnología. Ella nunca se opuso a sacarle provecho. Decía: “busquen donde quieran, usen todo el internet que gusten, pero AQUÍ son ustedes y sus fichas bibliográficas”. Es gracioso que ese recuerdo siga vivo en mi cabeza varios años después, y haya florecido nuevamente alrededor de hace un mes cuando estaba ultimando los detalles de Mi Despacho. Fotografía análoga, enfoque manual, exposición manual, sin retoques digitales, sin IA… pensamientos independientes… creo que se entiende la idea.


Un deseo y una duda sin resolver

A finales de año, cuando la mayoría de nosotros ya teníamos nuestras decisiones y profesiones definidas para ese nuevo camino en la vida, llenos de ilusiones y expectativas, esa profesora me dijo algo que al día de hoy sigue retumbando en mi mente (parafraseándola de nuevo, pero en su tono más amable y llena de esa aura de cultura): “Espero que tengas mucho éxito con tu elección de carrera, tienes el talento, pero nunca te voy a perdonar por no estudiar periodismo o literatura”. Supongo que no es necesario explicar mi desempeño en su clase y lo que realmente elegí para vivir. Al día de hoy todavía me pregunto cosas… es decir, de nuevo… se entiende la idea.

  • Y aquí estoy: tomando fotos y empezando a escribir.
    • más de veinte años después.